lunes, 25 de abril de 2011

Suscripción a Mandrágora




Estimado lector:


Tenemos el agrado de presentarle AUIEO, que inaugura en México un nuevo ciclo. La aventura editorial comenzó en Italia, en 1998, proponiendo autores como Gerardo Deniz, Augusto Monterroso, Octavio Paz, Alberto Ruy Sánchez, entre otros.

Nuestro apego a la experiencia del libro nos dicta formas y modelos a seguir… Si bien la impresión de interiores emplea tecnologías digitales, su concepción y soluciones plásticas cultivan, desde el oficio tipográfico, la búsqueda de una página tangible. Por otro lado, las cubiertas se realizan con prensa plana y tipos móviles: letras, tinta y papel, afinan la inflexión de la escritura.

Los títulos previstos para este año en Mandrágora, colección de narrativa y poesía, son El lay de Aristóteles de Henri d’Andeli – Juan José Arreola y La niña, de Christine Lavant. 

Una parte numerada del tiraje comprende un grabado firmado por el artista.

El lay de Aristóteles constituye la primera traducción castellana, en verso —a cargo de José Luis Rivas—, de Le lai d’Aristote, poema atribuido a Henri d’Andeli, autor activo en París en las primeras décadas del siglo XIII.

Acompaña al poema el cuento El lay de Aristóteles, que Juan José Arreola publicó en Bestiario, en 1959. El escritor jaliciense toma la trama y borda una delicada miniatura literaria: una paráfrasis del texto medieval que declara y aviva la vigencia y la fuerza de la tradición. Un aparato iconográfico, que incluye grabados antiguos e interpretaciones modernas, testimonia la riqueza plástica del tema.

Christine Lavant (1915-1973), poeta y narradora austriaca, es una de las voces más líricas y visionarias de la literatura en alemán del siglo XX. Autodidacta, aislada de todo contexto social y literario, enferma, crónicamente al margen de la locura, vivió su ejercicio poético en la concentración de un silencio votado a penetrar en el “estado de atención”. Lectores que han reconocido la dignidad de su palabra fueron Paul Celan e Ingeborg Bachmann. Thomas Bernhard curó una antología de sus poemas.

La niña —traducido por Lorel Hernández Manzano, exordio en castellano de Christine Lavant—, fue publicado originalmente en 1948. Relata en primera persona la rutina de una niña en un manicomio, donde los espacios, las puertas, los pasillos, los colores, batas y pacientes, esbozan un paisaje vaporoso e inadvertido, que arraiga en las plagas profundas del yo y que templa su furor en la fatal visión del otro.

Los ejemplares numerados de 1 a 100, con el grabado, serán distribuídos únicamente por suscripción. Le invitamos a formar parte de los cien coleccionistas.

Confiando en su interés en nuestra propuesta, enviamos un saludo cordial.

viernes, 15 de abril de 2011

Mandrágora, colección de narrativa y poesía. Próximos títulos, III




iii
El apocalipsis de Pablo
(Traducción de Vicente Flores Militello)

El término apócrifo, antes de vulgarizarse en la acepción de “fabuloso, supuesto o fingido”, indicaba la palabra “oculta”, “secreta”. Los libros apócrifos eran aquellos destinados a un público sectario, a los adeptos, que filtraban el mensaje por medio de ciencia y doctrina. En esa veta, los Apocalipsis exploran su terreno más lícito y propicio: Apokalypsis significa “no oculto”, “revelación”, pensamiento de hechos desvelados en virtud de un pacto gratuito entre el cielo y el vidente.

La apocalíptica cristiana, que desarrolla modelos y formas de la literatura escatológica judía, concibe, en los primeros siglos de la era común, una serie de relatos que abren el telón entre tiempo y cosmos, presente y futuro, carne y vida eterna. A partir del año 100, circula un texto griego, el Apocalipsis de Pedro, primera descripción de los suplicios y los tormentos en el más allá cristiano. Su descendiente directo, a partir del tercer siglo, es el Apocalipsis de Pablo. La fortuna del relato, en la Edad Media, será enorme, y la reseña de las penas del infierno constituye la más elocuente, articulada narración antes de Dante.
El texto fue compuesto en griego. Siguieron redacciones en copto, en latín, hasta llegar a las lenguas modernas en la baja Edad Media. En 1494, en Sevilla, un autor anónimo publica en castellano una Revelación de San Pablo, que aparece en el Índice de la Inquisición a mediados del siglo xvi. La versión aquí propuesta se basa en un manuscrito latino del octavo siglo, descubierto en 1890 y conservado en la Biblioteca Nacional de París. Es la recensión más larga, considerada, a la fecha, la más cercana al original.

En la segunda Epístola a los Corintios, san Pablo escribe: “Sé de un hombre en Cristo, el cual hace catorce años –si en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe– fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y sé que este hombre –en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe– fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables que el hombre no puede pronunciar”. El autor del Apocalipsis convierte la reticencia del Apóstol en un viaje de pasión sibilina, donde el peregrino, guiado por un ángel en los poderíos del más allá, conoce el vórtice del mal, la gloria y la piedad, la humillación inane, súbito reflejo de un grito que brilla, e invade tremendo, la materia de la vida.

viernes, 1 de abril de 2011

Mandrágora, colección de narrativa y poesía. Próximos títulos, II



ii
Christine Lavant
La niña
(Traducción de Lorel Manzano)

Christine Lavant (1915-1973), poeta y narradora austriaca, es una de las voces más líricas y visionarias de la literatura en alemán del siglo xx. Autodidacta, aislada de todo contexto social y literario, enferma, crónicamente al borde de la locura, vivió su experiencia poética en la concentración de un silencio votado a penetrar en el “estado de atención”. De ahí su palabra se embebe de un ímpetu contemplativo que la proyecta a despojar la expresión, su forma y jerarquía, de toda vanidad literaria, al encuentro con el gesto, el acento, la voluntad que generan y motivan el ser. Palabras como “dolor”, “belleza”, “centro”, constituyen los términos mínimos de un léxico íntimo de aliento inagotable. Mujer de profunda fe cristiana, y de arrebatos sacrílegos, ha sido comparada con Hildegarda de Bingen o con Teresa de Ávila. Lectores que han reconocido la dignidad de su palabra fueron Paul Celan e Ingeborg Bachmann. Thomas Bernhard curó una antología de sus poemas. En 1970 el Gobierno de Austria le asignó el Gran Premio Nacional de Literatura y obtuvo la publicación de su obra poética completa.
La niña –traducido por Lorel Manzano, primera edición en castellano de Christine Lavant–, fue publicado originalmente en 1948. Relata desde la primera persona la rutina de una niña en un manicomio, donde los espacios, las puertas, los pasillos, los colores, batas y pacientes, esbozan un paisaje vaporoso e inadvertido, que arraiga en las plagas profundas del yo y que templa su furor en la fatal visión del otro. Christine Lavant conoció el manicomio, donde estuvo voluntariamente recluida a consecuencia de un intento de suicidio: ahí observó la locura, suya y de la humana condición. Las enfermeras la llamaban “señorita”, de usted, y esa distancia le permitirá ver, y al mismo tiempo verse, como una huésped anómala, un alma oyente, alerta. La clínica es el mundo, los niños son la humanidad y el médico es la figura piadosa y siniestra de un redentor que obra prodigios y castiga, que abre y cierra las puertas y receta las condenas, que anuncia la promesa de una fuga, mañana, a otra vida. El cuento es un breviario de la niña, que percibe y refiere su día en una sintaxis delirante y alterada, fragmentaria y extática; en la inminencia sensible, numinosa, del asenso al martirio, al amor. Es un rezo, con la prosodia acerba del flechazo, visceral, hacia el germen de la poesía.